Desde la conformación del Estado Nacional, el monolingüismo ha sido una de las premisas para que el idioma castellano sea impuesto en todo el territorio sin contemplar las lenguas preexistentes. En la urbanidad mantener y transmitir un idioma originario es un logro de insistencia y resistencia de varias generaciones que han iniciado el camino de la visibilización indígena en nuestro país. Sobre todo en Buenos Aires.

Desde fines de los años 70’, comienzo de los 80’, han habido experiencias no oficializadas de enseñanzas y fortalecimiento de las lenguas originarias. Estas se daban en los espacios de organizaciones indígenas, conformadas por diferentes pueblos que tenían una meta: el fortalecimiento de su ancestralidad. (identidad)

Experiencias como las de la Asociación Indígena de la República Argentina (AIRA) o el Centro Kolla (CENKO) y su SACHAYHUASI (casa del saber) nos muestran este camino. En el segundo, por ejemplo, enseñaba quechua Luis Romero, un militante indianista quien formó parte del Equipo de Pueblos Originarios del SERPAJ. Otro precursor recordado fue el Taita Ullpu Carmelo Sardinas, que enseñó el quechua en diferentes espacios académicos. También podemos mencionar a Ignacio Báez, guaraní y docente en la enseñanza del guaraní.

En las últimas dos décadas el Centro Universitario de Idiomas (CUI) incorporó las lenguas originarias en su currícula el laboratorio de idiomas de la Facultad de Filosofía de la UBA incluye al quechua como uno de los idiomas en su oferta académica. Otra experiencia tiene la Facultad de Periodismo de La Plata, en la cual cursar un cuatrimestre de algún idioma originario es parte de la formación de los estudiantes de dicha facultad.

Estos logros, son parte de la lucha histórica que vienen llevando los pueblos originarios en AbyaYala. Los municipios del gran Buenos Aires, también toman nota de la presencia indígena y promueve espacios de enseñanza de lenguas indígenas, como es el caso del Municipio de Tigre que durante el año 2022, realizó un curso de idioma guaraní y este año incorporó otras lenguas indígenas, entre ellas, el q’om, moqoit y quechua.

A pesar de la no efectiva aplicación de la Ley 26.206/06 EIB (Educación Intercultural Bilingüe) la resistencia hace que las lenguas originarias construyan sus propios espacios. La generación de los más jóvenes indígenas, con otro acceso a la educación y a su cultura, hace que podamos encontrar una diversidad de experiencias y formas de hacer uso de la lengua. En plena pandemia, la profesora de quechua Romina Churquina junto a otros docentes, lanzaron el WAWASPAQ un libro para enseñar a las infancias el quechua.

Dario Juarez y Verónica Gómez en el programa «Con los pies en la Tierra»

Un libro que aporta a las voces nativas en Buenos Aires

Voces Nativas de América en Buenos Aires, es un libro presentado en 2022 y surge de la iniciativa de la Asociación de Traductores e Intérpretes (ATI) junto a la facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Allí se convocó a jóvenes indígenas para la realización de un libro como parte de la colección de Etnodiscursividad. En este caso sobre relatos en quichua santiagueño, guaraní avañe´ê y quechua cochabambino, de los autores Vitu Barraza, Darío Juarez, Sonia Alcocer y Verónica Gómez (traductora guaraní avañe’e).

Dos de los autores, Verónica y Darío, hablaron con En la Tierra y contaron cómo hacerlo fue un proceso de hacerse cargo, no solo del idioma, sino de sus raíces guaraníes.

“Lo que son las casualidades de la vidas, yo nací acá en Buenos Aires, en septiembre de 1976 mi familia volvió a Misiones por la situación política que había. Mi mamá de Misiones, mi abuela es paraguaya y mi abuelo es correntino. Mi niñez transcurrió en la selva misionera, vivía un kilómetro del Paraná», cuenta Darío sobre el proceso.

También recuerda cómo fueron los primeros momentos en Buenos Aires: «A los 22 años vuelvo a Buenos Aires, empiezo a recordar la parte que me gustaba a mí, que era recorrer la selva, estar en el monte así conocía a las comunidades, y con el tiempo me doy cuenta que gran parte de mi familia tenía sangre guaraní lo cual me convierte un heredero directo de la cultura y ahí comienzo a recuperar la cultura y el idioma lo aprendí de grande, de hecho lo sigo aprendiendo. De hecho, ver las enseñanzas de los abuelos y lo que nos contaban nuestros tíos en este libro tiene una carga emotiva muy importante”.

“Yo, mi papá y mi mamá son paraguayos, el idioma lo tengo en mi casa desde que nací, es parte nuestra por ende mis hermanos y yo somos bilingües, no practicamos el guaraní por fueras de nuestras casas, por ejemplo cuando yo era chica cantaba mucho el guaraní con mi papá», cuenta Verónica y agrega: «De grande cuando termine el secundario arranque Comunicación Social, después dejé y decidí hablar el idioma guaraní, encontré un profesorado de Lengua y Cultura Guaraní».

«Lo hice con las intenciones de solo aprender a hablar no con la intenciones de ser profesora», dice y recuerda que «Ignacio Báez fue mi profesor y empecé a cursar con él sin darme cuenta termine el profesorado así había cumplido mi objetivo de animarme a hablar. En realidad lo que necesitaba era hablar en guaraní».

«Ignacio, me convenció y finalmente comencé a dar clases», dice Verónica y explica: «El descubrimiento, o redescubrimiento, de mi idioma me hizo retomar mis raíces. Hay una cuestión física, yo tengo muchos rasgos guaraníes, en general los paraguayos, las paraguayas no tienen mucha conciencia de esa raíz que tenemos. Es un camino lento, no es tan fácil pero a mí me da mucho orgullo y mucho placer que hoy en día mis padres también se reconocen guaraníes y eso es un camino al revés no es lo que uno espera que los padres nos pasen esa conciencia, sin embargo lo que hablamos en nuestras familias y las cosas que vamos compartiendo hacen que ellos se reconozcan guaraníes también».

Pensando en el idioma guaraní, desde lo generacional

“Hay una generación que tenía vergüenza, creo que mi abuela era india, que algo hablaba. Una vez una hermana mapuche, que dice que nos tocó ser la generación que va a sanar a la que se viene”, cuenta Darío. Y Verónica suma: “Hay un resurgimiento de las identidades, hay una cuestión enorgullecerse, en otra época había que ocultar, la educación muchos factores que juegan un papel importante. Hoy los pueblos se muestren, hoy los pueblos están u n poquito más seguros, parados para reclamar, están más informados, creo yo que tiene que ver por la información que tienen las comunidades la formación educativa hace muy bien y es muy favorable».

«Los jóvenes llegan a sus comunidades trayendo buenas nuevas, trayendo noticias sobre los derechos de los pueblos originarios, de lo que les corresponde, de lo que se puede reclamar, por eso es importante la educación, no solamente que las personas de las comunidades tenga el acceso sino que la educación cambie su visión, que cambie su mirada antigua que sea más abierta y que la interculturalidad realmente se lleve a cabo a las escuelas y no solamente en los papeles escritos”, advierte Verónica.

A partir del impulso de una profesora que alentó a Darío a escribir sus propios insumos y cuentos. El veía que los cuentos eran hadas, magos dragones, castillos, y lo que tocaban a los pueblos originarios sucedían en la selva, entonces él pensó que podía ser que esas historias también ocurriesen en el conurbano. Así surgieron esos cuentos, que son de la cultura guaraní y enseñanzas transmitidas por tíos y abuelos que transcurren en Tigre, San Fernando, San Isidro.

El proceso de traducción fue combinar el guaraní yopará (mezcla) y el guaraní puro. El dilema fue qué utilizar en la traducción, la guaranización o el neologismo, “la combinación es utilizar el guaraní lo más que se pueda pero también que el lector entendiera», comenta Verónica. Tanto Darío como Verónica pudieron leerlos en dúo en español y guaraní en las presentaciones que se realizaron y eso generó un pedido por parte del público, que sea audiolibro.

La estandarización de la grafía data del año 1992, el guaraní hablante en general no lee un su idioma, por eso la importancia de la existencia de los libros escritos en guaraní para aquellas personas que están aprendiendo a leer en su idioma. Es importante que haya cada vez más materiales de lecturas en guaraní, para que se practique la lectura y la escritura, es algo que señala la traductora de guaraní, de suma importancia, para que circule y que contagie a otros escritores indígenas. La primera edición quedó agotada, pero se espera por una próxima edición.

La lengua, el idioma, habla también de la cosmovisión. En los pueblos guaraníes tiene una vital importancia el habla. Existen palabras exclusivas de hombres o de las mujeres vemos un poco la cosmovisión, no decirle a todos los hermanos de la misma manera, a mi hermano mayor se dice de una manera y a mi hermana o hermano menor se dice de otra manera, esto también significa qué lugar ocupa en la comunidad. Es decir, hablar es también una forma de ver el mundo.