Por unanimidad, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 7 de San Isidro condenó a Juan Carlos Corvalán por el femicidio de Nancy Fernández. A diez años de los hechos, para decidir, los jueces tuvieron en cuenta toda la legislación en materia de género. “En el día de la mujer indígena se hizo justicia”, dijo Lisette Fernández, hija de Nancy.
Lisette entra en la sala de audiencias. Hace años que camina los tribunales y juzgados. Primero acompañó a su abuelo en la búsqueda de justicia para su mamá y hermana. Tiene la cara pintada al modo tradicional, como lo hace el pueblo qom. Una promesa que le hizo a su abuelo: Pintarse para luchar.

Esa podría ser la definición de la lucha que Lisette y su abuelo, ya fallecido, hicieron para llegar a esta sentencia. Ese día la nieta recordó a su abuelo frente a los jueces y a un poder judicial que se caracteriza por su racismo y clasismo. Eugenio, referente qom, fue uno de los primeros en intentar organizar al movimiento indígena y formó parte del AIRA (Asociación Indígena de la República Argentina) en los setenta.
El tribunal declaró culpable a Corvalán aunque no se dijo ni la calificación final por la que es condenado, ni la cantidad de años que cumplirá de pena. Para eso habrá que esperar hasta el próximo 1 de octubre día en que el tribunal los dará a conocer. Dos pruebas fueron concluyentes, el ADN de Corvalán, hallado en el cuerpo de Nancy, y el cruzamiento de antenas que hicieron que se encuentre el celular de la víctima en la casa del acusado.

“Es algo que no queda impune después de tantos años”, detalla la abogada Paula Alvarado Mamani a enlatierra.com.ar tras conocerse la decisión del tribunal. También, recuerda que lo que los jueces dejaron claro es “que es un femicidio” y destaca que “esto implica la ausencia estatal”.
Cuando Lisette tenía 12 años, en 2013, su hermana mayor Micaela apareció muerta con un balazo en la cabeza en la casa de un presunto narco de la zona, Dante Cenizo. Se instaló la versión del suicidio. Nancy, su madre, denunció la existencia de una red de trata con cobertura policial y comenzó a pedir que se investigue la muerte de su hija. Terminó asfixiada y con signos de haber sido abusada sexualmente en 2014, pero se habló de muerte natural. Las dos causas habían sido archivadas.

Todas ellas pertenecen a la Comunidad Qom Yecthakay. Una pertenencia que viene de su abuelo Eugenio. Hasta 2017, cuando falleció, el reclamo por la investigación y pedido de justicia lo hizo Eugenio. Al llegar a la mayoría de edad Lisette comenzó el camino del pedido de justicia. Entre 2016 y 2020 la causa por la muerte de su madre estuvo archivada. Nancy, junto con el trabajo de la abogada Alavarado Mamani, logró reabrir el expediente y llegar a este juicio.



