A fines de los años 90 un grupo de estudiantes de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA) confluyeron. La curiosidad musical, la lectura y la forma de ver el mundo desde Latinoamérica hicieron que se toparan con Osvaldo Bayer. Y fue canción: “hay viene don Osvaldo con sus maleta, llenas de historia para contar, llenas de huellas, llena de sueños y de un olvido más que oficial”. (Osvaldo – del disco Cuando salga el sol, 2007)

Arbolito eligieron llamarse. Como aquel indio ranquel del cual había mucho que conocer y, a partir de esa historia, un modo de reconocer la memoria de la resistencia de los Pueblos Originarios.

Durante mucho tiempo el lugar de encuentro fue el Parque Lezama, cerca del Museo Histórico Nacional y del monumento de Pedro de Mendoza, el invasor de territorio habitado por querandíes, la actual Buenos Aires. Jóvenes, jóvenes militantes, con mates, compañerxs de la facultad, vecinxs del barrio de San Telmo, ponían palabras a las sensaciones del momento y gustaba. Esos primeros recitales quedaron en la memoria de una juventud que por aquellos años gritaba: “Piquete y cacerola la lucha es una sola”.

Su propuesta musical, ecléctica y comprometida tiene en Vinito y Amor la esencia de la banda: “tierra y sal sobran, pueblos unidos son siglos de viento y sudor esperando con vino y amor” Un rayito de sol y un viento fresco para ahogar el dolor… esta tierra que sueño no tiene dueños somos hijos del sol”, marcaron el coro de la esperanza en ese entonces.

“Sobran políticos, sobran políticos, falta un sacudón de dignidad” dicen en Sobran. Ya por entonces el Parque Lezama terminaba quedando chico, pero el baile colectivo al ritmo del tinku/rock se convirtió en el ritual de la banda. Con el tema Sariri siguen afirmando una identidad cultural: “Tengo que llegar a mi pueblo, mi madre me espera, llena de gente morena, paisajes de color aguayo… soy el lamento del indio subiendo por la quebrada”.

Su música y letras que reflejaban los sentires del Abya Yala. La memoria histórica con ellos tiene poesía y música de todos los territorios. Eran años de un duro neoliberalismo que le tocó vivir a una juventud nacida en dictadura y en ese contexto socioeconómico, de crisis, desocupación, etc. La cumbia y el reggae como vehículo, y en las letras el mensaje: “corría el año del desastre y de la angustia colectiva, ningún gesto ni una onda para encontrarse otra cara, la maldita economía, la mediocridad y el miedo, pintaban un cielo gris, oscuro y atroz… pico, pico y pico…si logramos que se mueva ya no hay nada que nos pare, empecemos por ahí” (Tema El bichito – disco Cuando Caiga el sol).

Al ritmo del candombe, tinkus, chacareras, taquiraris, milongas, reggae, cumbia, con una base de charango y vientos nos decían: “recuperemos la tierra y vivamos el libertad, si hay que mostrar las espinas, Vamo’ a mostrarlas nomás. Vamo’ a mostrarlas nomás…Seamos un yuyo más…” cantaban con ritmos andinos en la Saya del Yuyo. También, se escuchaba Amerika Bonita, un instrumental para bailar, o en Niña Mapuche nos sorprendían con la introducción del tema en mapuzungun para un reggae.

La banda durante la escucha colectiva en la Cazona de Flores

Arbolito además de ser convocado por diferentes organizaciones de derechos humanos, movimientos sociales, estudiantiles y piqueteros, para ser el brazo musical de la lucha, fue creciendo en sus puestas en escenas vistosas y estéticamente cuidadas. Pasaron por diversos escenarios, acompañados de referentes musicales. Con espíritu de peña y encuentro entre amigues pero cuidando todos los detalles de sonido e imagen, se animaron a hacer videos clips y apostaron a todo lo que una banda tiene para trascender.

El pogo de arbolito convoca a renovar el ritual con Baila, Baila del disco “Baila, baila el continente, el Tinku hoy, Despertándonos, contagiándonos Baila, baila el continente, el Tinku hoy”. En sus estrofas, homenajearon a las Madres y abuelas de Plaza de mayo con Pañuelos: ”Pañuelos van, Vuelta y vuelta a la vida, Yo, con ellos me voy a volar, Un solo andar en busca de justicia, Que la duda no gana a la verdad…”

Es momento que necesitamos un abrazo, siguen cantando, “sueño lo que nos abraza por cordilleras ríos y plazas para seguir caminando… un surco se abrió en el continente para sembrar nuestro sueño de siempre” (Acá estamos, 2012). El poder de condensar las ideas y leer los contextos históricos y musicalizarlos, como es el caso del tema Este abrazo donde “un surco se abrió en el continente, para sembrar nuestro sueño de siempre, qué lindo mostrarle al mundo qué bien se siente este abrazo.”

En el año 2022, al cumplir sus veinticinco años, presentan Indestructible, un paneo de realidad al ritmo de rock: “La cultura es indestructible Americano originario, Con tus locos calendarios, armonía en la naturaleza, tierra y libertad…la cultura es indestructble, es el conurbano piquetero, Campesino antisojero, la marea verde del pañuelo”.

En este barco

A partir de la idea del biógrafo Diego Skiliar, realizaron una convocatoria de una escucha colectiva para presentar la última producción discográfica “En este barco”. El lugar elegido fue la Casona de Flores, con invitados y protagonistas se escucharon cada uno de los temas de este último disco de Arbolito, realizado en pandemia, con búsquedas propias pero con la misma sintonía de siempre.

Las caras de nostalgias se dejaron ver, la escucha atenta y los aplausos que rememoran las veces que saltamos con ellos. Pasaron más de 25 años del inicio de este viaje musical, muchas giras, varios presidentes, varias organizaciones con las que se solidarizaron y en los eventos en los que fueron partícipes. A pesar del tiempo siguen manteniendo su equipo, incluso, la tapa de los trabajos la sigue haciendo la misma persona que está desde su primer disco Folklore, Maxie Amigo.

Para esta cronista, siguen siendo los chicos de Arbolito a los que alguna vez llamamos para que ayuden a difundir alguna causa que necesite solidaridad, visibilizarían o juntar algunas cosas. Los mismos quienes mantienen su vigencia, explorando, predispuestos a jugar con los ritmos, con las letras y con la esencia a lo que nos tienen acostumbrados. Pero también un Arbolito pop, sin perder la sensibilidad por lo que acontece en este lado del mapa.

Encontrarse con Arbolito es encontrarse un poco con la banda sonora de la vida de muchos: los de siempre y los que lo escuchan ahora. Es la experiencia colectiva que necesita un barco de memoria, música y poesía para atravesar tempestades, para no perderse, y seguir atravesando este mundo hostil.