Quienes primeros sufrieron el terrorismo de Estado fueron los pueblos originarios. La violencia y el genocidio comenzó con la llegada de la invasión a Abya Yala. Después, durante la conformación de los estados nacionales continuó, la pacificación de la Araucanía, como se lo conoció en Chile; la campaña al denominado desierto en la Patagonia Argentina; la ocupación del gran chaco; todas ellas con hilos comunes:
Masacres; campos de concentración, robo de bebes, exhibición en vida y en muerte de las comunidades como si fueran objetos; evangelización.
El 11 de junio de 1979 la última dictadura cívico-militar-eclesiástica «celebró» en Neuquén los 100 años de la «Campaña al Desierto» llevada a cabo por el genocida Julio Argentino Roca.
No fue casualidad.
La celebración incluyó la asistencia del dictador Videla, el ministro de economía José Martinez de Hoz, el ministro del Interior Albano Harguindeguy; el jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Suárez Mason, el gobernador de la provincia anfitriona, Domingo Trimarco y el director de Gendarmería Nacional, Antonio Domingo Bussi.
Según el diario La Nación, uno de los diarios que apoyó el golpe de Estado más sangriento de nuestro país, estuvieron presentes también autoridades eclesiásticas y diversos sectores de la sociedad civil.
En su discurso Videla engrandeció la figura de Roca y habló de “una gloriosa y trascendente gesta de todos los argentinos”; una epopeya afirmativa de la nacionalidad y de la soberanía sobre tierras hasta “entonces señoreadas por la soledad y el desamparo”.
Sin dudas, la dictadura buscó ubicarse en una continuidad con la celebración de aquel genocidio.
El 12 de junio, el también cómplice diario Clarín publicó:
“También hoy como ayer y como será siempre ´Cultivar el suelo es servir a la Patria´. Como queda demostrado en ese episodio vivido en el siglo pasado, desde 1866 la Sociedad Rural Argentina está consustanciada con la Patria y los productores argentinos” .
El tiempo quiso que a 100 años de unos de los genocidios más grandes contra los pueblos originarios, sean otros genocidas, muchos de ellos descendientes de aquellos que en medio de un nuevo genocidio celebraran la matanza a los pueblos originarios
Pero la última dictadura cívico-militar-eclecistatica, también dejó sus huellas de desapariciones, torturas y represión en los cuerpos de representantes de pueblos indígenas:
Avelino Bazan; Marina Vilte; Jesús Costilla; Pedro Santana; Celestino Aigo y Hugo Julián Luna son sólo algunos de los nombres que hoy podemos recordar.

El Ex Olimpo y el recuerdo de Luna
Oriundo de Purmamarca, Luna fue desaparecido en junio de 1978, a los 34 años, mientras trabajaba en una obra en Ezpeleta.
Era maestro mayor de obras, estudiaba ingeniería en la Universidad Nacional de La Plata y era comunista.
Por informes e investigaciones se sabe que fue llevado al Campo de Concentración “Olimpo” en el barrio de Floresta en Capital Federal, donde estuvo detenido-desaparecido recibiendo torturas junto a otros compañeros. Fue visto con vida hasta enero de 1979.
Estuvo desaparecido hasta 2011 cuando sus restos fueron encontrados en un cementerio de General Lavalle, en el Partido de la Costa, en la provincia de Buenos Aires.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró identificarlo y fue llevado a Purmamarca para su entierro. Sus familiares estuvieron en 2013 en el ex Olimpo para realizar una ofrenda a la Pachamama.
Roca y Videla, dos genocidas con un discurso de clase que aún hoy subsiste. Hoy como ayer, estos discursos circulan. Lo que se dice y lo que no dice. No es casual.
MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA



