El pasado fin de semana se realizó en el Ecunhi el festival del folclore transfeminista Wayra Warmis. Talleres, conversatorios, cine y música inundaron la ex Esma donde las mujeres del viento dejaron su huella. EnlaTierra estuvo para retratar toda la jornada.
«Hay que estar luchando por el territorio», dice Cheuque, un representante mapuche e integrante de la comunidad «Tres Ombúes» de Lomas de Zamora que estuvo presente durante la exhibición del documental «Warmikuna, cuerpo y territorio», realizado por el Colectivo Warmikuna Danza.
«La idea es poder difundir en distintos medios» dice Lorena, una de las integrantes de Warmikuna que además cuanta que el documental es una forma «de involucrarnos en distintas luchas, donde las referentas son mujeres». También se exhibió «Newen», un largometraje con la dirección de Miriam Angueira donde la directora busca las huellas de la identidad silenciada de su bisabuela mapuche.
La rapera, mapuche y feminista antiracista Urraka Negra MC irrumpió en el escenario con una fuerza que hizo que les presentes voltearan para escuchar sus temas y sus reclamos sobre la lucha mapuche. Las imagenes de ancestros indígenas y luchas actuales de la mano de la música de temas como «Quemqumtreu» o «Las Ancentras».
La danza también tomó cuerpo en el festival. El movimiento, las polleras y la fuerza del un caporal, un huayno, una zamba o una chacarera recorrieron el salón principal.
Danzan Hechas Tierra, bailó, gritó y cuestionó con ayuda del viento. Allí se vieron «De esclavitudes», con dirección de Candelaria Torres, y «Jueves de Comadres» con María Fernández Romero y Priscila Lopez. Al unísono las mujeres parecieron volar entre vueltas, saltos y sarandeos de pollerras.
Volando con la danza.
Detenida en el tiempo pero en movimiento.
Atrás no quedaron las infancias libres. Hubieron muchas actividades que incluyeron talleres de danza, un espacio para juegos y un cierre a cargo de Graciela Mendoza que con sus «Cantos y Arullos de la Tierra» reúne cantos en lenguas nativas, nanas, arrullos y composiciones propias.
Los instrumentos autóctonos y los relatos de saberes de pueblos originarios captaron la atención de grandes y chiques.
La danza y la búsqueda de nuevas posibilidades de movimiento también recorrió el escenario de una manera intimista con Ariel Uziga con «Agua Quieta | Sinfonía de un texto en cuerpo».
Las cholas de Sambos Raza de Bronce estuvieron con sus saltos, giros, zapateos de tacón y coreografías sincronizadas.
El sonido de los cascabeles de las botas recuerdan al de las cadenas con que los esclavos estaban atados durante la época colonial.
La Ferni subió al escenario. La artista trans no binarie resinifica clásicos folklóricos y su voz enamora hasta a al/la más despistade. «Aquí estamos», dice cantando.
Después se juntará con la compositora y cantora Florencia Dávalos y con La Luchi. La potencia del canto, de la irrupción y de la identidad hecha música nos dejan temblando. Allí donde todo parece posible, otro mundo es posible.
El festival llega a su fin. La murga feminista estilo uruguayo «Baila la chola» arranca. Algún aire porteño se ve por ahí y nos invitan a tener al deseo, ahí, a la mano.
Un despliegue teatral-musical donde las mujeres e identidades no binarias van caricaturizando, y hacen reflexionar a quien escucha. El sarcasmo, la satírica y el humor, es la manera.





















