Al haberse cumplido ya más de un mes del comienzo de las inundaciones en el Chaco salteño, el panorama de las comunidades indígenas de Santa Victoria Este no parece haberse modificado. “Hay partes donde todo se está desmoronando con el desmonte y eso era el parante, el filtro del agua”, dice el cacique Abel Mendoza a varios días del peor momento de la inundación pero donde las secuelas se hacen presente.

Las crecidas del río Pilcomayo y el río Bermejo provocaron una de las mayores inundaciones en la zona desde 2018. Además de Santa Victoria este, otro de los puntos que sufrieron mayores problemas fue Misión La Paz. Abel Mendoza, cacique en Santa Victoria Este, habló con En la Tierra sobre el después y detalló como los funcionarios provinciales “vinieron a sacarse foto después de siete días con las inundaciones” y que, además, “vinieron con sus helicópteros mientras nuestros enfermos tenían que sufrir en los traslados”.

También recordó que “más de 15 mil habitantes habíamos quedado aislados producto de las inundaciones y los cortes que se produjeron en los caminos”. Familias enteras han perdido casas, muebles y todas sus pertenencias. Hay que recordar lo recurrente de las inundaciones y que, este año, los sistemas de alerta temprana informaron la crecida una semana antes pero el accionar estatal llegó tarde a asistir a las comunidades.

“Cada año que crece el rio arriba, el Pilcomayo se baja para nuestra zona”, recalca Mendoza y explica que “la asistencia que más tuvimos fue de hermanos con hermanos”.Sobre las causas de las inundaciones detalló que “hay partes donde todo se está desmoronando con el desmonte y eso era el parante, el filtro del agua”. “Las comunidades están saliendo a otros lugares para edificar nuevamente, lo que nos ha perjudicado es que cada vez que hay inundaciones tenemos que salir y volver a edificar”, dijo.

“Somos postergados, la dolencia que tenemos nosotros como pueblos indígenas es que hoy está cada vez más fuerte la persecución y el atropello del gobierno nacional”, dijo el cacique que explicó: “Estamos sufriendo es genocidio silencioso, con el hambre, con los derechos, no tenemos escuela, comisaria, no tenemos seguridad porque estamos en una zona roja donde sí mandan los narcotraficantes”. Más de 70 niños han fallecido por estado de desnutrición en el último tiempo. “Nosotros como pueblos originarios resistimos y seguimos resistiendo”, finalizó.